La carga emocional del tenista: causas, efectos y soluciones

El ser humano suele cargarse de emociones desagradables acumuladas a causa de alguna situación desagradable repetitiva que ocurre cada cierto tiempo. Y se queja pensando: “¡Otra vez! ¿Pero por qué a mí?… ¡Siempre me pasa lo mismo!”. Allí la carga emocional, que inicialmente es solo una consecuencia del problema, genera reacciones que lo agravan y lo prolongan. Lo que la persona hace para solucionarlo, es lo que la lleva a hundirse.

Es un círculo vicioso que empeora cuando la carga se desborda. Las emociones almacenadas son como el agua de una olla de presión.  Si la olla está llena, entonces es más fácil que pueda desbordarse o incluso explotar. Claro que, si está llena pero el agua está fría, no se nota la diferencia. El problema se desata cuando se enciende la estufa.

Lo mismo ocurre con las personas. Si alguien está cargado, pero la situación repetitiva no se ha presentado, tal vez no se nota. Cuando la situación surge, se calienta y la olla se desborda. La olla de la cocina se desborda y queda vacía. Pero la olla de las emociones se desborda y luego queda más cargada.

¿Cómo surge la carga emocional negativa en el tenis?

Todo deporte tiene un conjunto de situaciones que suelen ocurrir. Algunas son desagradables por naturaleza. Otras son retos que el tenista debe asumir adecuadamente para salir airoso. Pero cada atleta suele salir mal parado ante algunos restos específicos que no sabe cómo enfrentar y allí surge la carga emocional. Estos retos o situaciones ocurren en los entrenamientos, antes de los partidos, durante los partidos y después de ellos.

Antes del partido, el tenista debe planificar su estrategia. Allí algunos se estresan tanto que no pueden pensar. Otros no saben cómo identificar las fallas y fortalezas del oponente. Otros viven conflictos familiares al desplazarse rumbo al evento. Otros son objeto de intimidaciones por parte del adversario. Otros no duermen cuando saben que mañana jugarán contra el número 1.

Durante los partidos hay muchísimas situaciones retadoras. Algunas tienen que ver con el marcador. Ir perdiendo, ver como el oponente remonta, jugar los puntos definitorios, las dobles faltas cometidas.  Otras situaciones se presentan al disputar los puntos. El oponente los mueve de lado a lado, el punto se alarga, hay fallas en el desempeño de algún movimiento como el remate o el drop shot. También hay sensaciones como el calor, dolor o falta de oxígeno. La conducta de las personas igualmente afecta. El oponente hace trampas, el árbitro se equivoca o el público grita. Se podrían mencionar muchísimos ejemplos más. Tal vez las situaciones más repetitivas tienen que ver con el oponente que siempre gana o las remontadas del rival.

¿Qué consecuencias tiene la carga emocional?

Yo veo tres consecuencias importantes. Una es el sufrimiento del atleta. Otra es la merma en el desempeño. La carga emocional estropea la ejecución motora, el pensamiento táctico y las capacidades físicas. El tenista golpea mal y no piensa. Además se cansa y pierde la fuerza o la velocidad. La tercera consecuencia es el estancamiento. Si el tenista enfrenta esa misma situación partido tras partido teniendo la misma carga emocional, fracasará continuamente.

¿Cómo solucionar el problema?

El tenista se va cargando en la medida en que piensa constantemente en lo que le ha ocurrido. Entonces, lo primero que se debe hacer es dejar de pensar en ello. Hay que dejar el pasado atrás. Cada partido es un nuevo comienzo. Cada nuevo entrenamiento también lo es.

Sea cual sea la situación repetitiva que lo aqueja, la persona debe buscar y conseguir nuevas soluciones para que cuando ocurra, el resultado no es el mismo. Si el oponente remonta, tú aprendes a remontar después de que eso ocurra,  a evitar que remonte o a mantener el control de tus emociones si es que no puedes evitarlo. De hecho, al mantener el equilibrio emocional, muchas veces la solución llega como consecuencia de eso.

También es necesario aceptar que la situación puede volver a ocurrir. Hay que sentirse bien aun cuando ello ocurra. Así, tal vez ya no ocurra de nuevo o pase con menor frecuencia. Si por ejemplo estás enfrentando a un tenista que siempre te gana pero has estado cerca de ganarle muchas veces, tienes que salir de la cancha sintiéndote bien aun cuando vuelvas a perder varias veces. Al lograr eso, los triunfos comenzarán a llegar.  

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