Parecía magia, pero era simplemente flow. Una experiencia respiratoria entre el Taichí y el Tenis de Mesa.

“Me impresionó tanto que decidí convertirme en psicólogo del deporte”.

Voy a relatarles una experiencia personal que marcó mi vida. Comenzó con el manejo de los mis pensamientos estresantes y terminó generando resultados impresionantes en el tenis de mesa.

Yo practicaba Tai-Chi por las mañanas y estudiaba psicología en las tardes. En la Universidad nos estaban enseñando a reconocer los pensamientos automáticos. Estos pueden ser difíciles de reconocer ya que son fugaces, rápidos. Pero tienen un gran efecto en nuestras emociones. Usualmente nos hacen estresar.

¿Cómo reconocer los pensamientos automáticos?… Justo al sentirte mal por algo, te preguntas: ¿Qué está pasando por mi mente justo ahora?… Y notas que hay una frase, una imagen visual o una simple palabra en ese instante. Yo eso lo estaba practicando constantemente. Pero también trataba de respirar como lo hacía en la clase de Taichí.

Yo estaba todo el tiempo concentrado en mi diafragma poder respirar así y cuando me estresaba, me preguntaba: ¿Qué está pasando por mi mente justo ahora? Eran dos tareas diferentes, con objetivos distintos, yo trataba de hacer ambas al mismo tiempo las 24 horas. Y noté la coincidencia. Justo al percibir los pensamientos automáticos, ocurría un cambio repentino en la respiración. Esta se detenía tal vez por un mínimo instante, se ponía tensa o se aceleraba.

Eran cambios respiratorios repentinos, tan fugaces como los pensamientos automáticos. Si yo lograba sentir eso en la respiración era solo porque justo en esos momentos estaba muy concentrado en sentir mi diafragma.  

Los pensamientos estresantes y los cambios en la respiración eran dos caras de la misma moneda. Una se percibía en la mente y otra en el músculo de la respiración.

¿Qué ocurre si alguien mantiene la respiración fluida, evitando que cambie justo cuando percibe un pensamiento estresante?… Lo probé y me di cuenta de que ya los pensamientos no me generaban estrés.

Años después, trabajaba en un hospital para fármaco dependientes. Ellos controla el estrés porque experimentaban ansias de consumo y podían recaer. Decidí entonces enseñarlos a controlar la respiración. Necesitaba entonces un estímulo que generase un sobresalto respiratorio. Tenía que poder decirles que se concentraran en el movimiento de su diafragma y aplicarles el estímulo para que sintieran el cambio repentino allí.

¡Eureca!… tenían una mesa de ping pong y les gustaba jugar.

¡Los remates potentes!…

Ese fue el estímulo utilizado. Jugábamos tenis de mesa, yo los iba guiando para que se concentrasen en su respiración y les propinaba potentes remates sorpresivos.

Les preguntaba si habían logrado percibir el cambio en el movimiento de inhalación y exhalación. El primer paso era aprender a detectarlo.  Luego, el segundo paso era recibir los remates sin preocuparse por devolverlos, pero manteniendo la respiración fluida cuando yo remataba.

Ante el remate, la respiración podía acelerarse, detenerse o volverse tensa. Algunas veces eso duraba pequeñas fracciones de segundo. Por eso los cambios eran difíciles de percibir. Antes de rematar, yo permanecía constantemente recordándoles que se concentrasen en su diafragma.

Ellos debía percibir esos cambios respiratorios y evitarlos manteniendo la respiración fluida como si el remate no se hubiera producido.

El tercer paso implicaba mantener la respiración fluida y al mismo tiempo realizar la devolución.

Yo esperaba que luego, al sentir ansias de consumo, los pacientes pudiesen disminuirlas controlando los mismo cambios en la respiración. Pero los resultados mostraron algo muy diferente que cambió mi vida desde allí en adelante.

Yo también trataba de controlar mi respiración al recibir los remates de los pacientes. Y justo cuando lograba hacerlo, mi desempeño en el juego mejoraba de una forma que parecía mágica. Me desplazaba de súbito en diagonal hacia atrás y respondía unas pelotas que prácticamente ya me habían sobrepasado, que nunca en mi vida había pensado que podría responder. Las devolvía con mucha potencia, metía la pelota en la mesa y anotaba el punto al oponente. Solo con mantener la fluidez de la respiración, todo cambiaba.

Me ocurría una y otra vez. Eso me hizo recordar cosas extrañas que había visto en películas de Cung Fu. Le comenté a los pacientes y todos me dijeron: “Si a mí también me está pasando lo mismo”. Cuando lograban controlar la respiración, haciendo que esta se mantuviera fluida, ellos también jugaban mucho mejor. Y el cambio en mi desempeño con la raqueta fue tan impresionante que decidí convertirme en psicólogo del deporte.

Hoy en día enseño la fluidez de la respiración y los tenistas de campo mejoran. Sería bueno probarlo con verdaderos atletas de tenis de mesa.

¡A ellos les sería de mayor utilidad aun!

Viernes, 25 de febrero de 2020

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